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Termografía en sistemas fotovoltaicos: la base técnica que marca la diferencia

La termografía es una herramienta clave para detectar fallos en instalaciones solares, pero su valor depende directamente de cómo se realiza. No se trata solo de “tomar imágenes térmicas”, sino de hacerlo bajo criterios técnicos rigurosos. 

¿Por qué es importante hacerlo bien?

Una inspección termográfica correcta permite identificar puntos calientes, fallos en células, conexiones defectuosas o degradaciones prematuras. Si se ejecuta sin control, puede generar diagnósticos erróneos y decisiones de mantenimiento equivocadas. 

Imagen 1. Identificación de anomalía

Condiciones que importan

Para obtener resultados fiables, es fundamental considerar:

  • Irradiancia adecuada (igual o superior a 600 W/m²)
  • Ángulo de captura (perpendicular al suelo con una desviación de hasta 20º para evitar deslumbramientos)
  • Condiciones ambientales estables (sin nubes intermitentes o viento fuerte, por debajo de 6.5 m/s y humedad preferiblemente menor al 60%)
  • Temperatura del módulo (a temperatura de operatividad)

Normativa de referencia

La inspección debe alinearse con estándares como la IEC 62446-3, que establece directrices claras para garantizar consistencia, calidad y comparabilidad en los resultados. 

¿Qué pasa si no se hace bien? 

Cuando la termografía se realiza sin rigor técnico, el problema no es solo “no ver bien” un fallo: es construir una realidad equivocada sobre el estado de la planta.

Un dato térmico mal capturado —por mala irradiancia, ángulo incorrecto o condiciones inestables— puede hacer que un punto caliente pase desapercibido, o peor aún, que se identifique un problema donde no lo hay. Esto se traduce en mantenimientos innecesarios o en fallos que evolucionan hasta convertirse en incidencias críticas.

Pero el impacto va más allá de la inspección puntual. Si esos datos alimentan el gemelo digital, el error se amplifica: el modelo deja de representar la realidad y empieza a generar análisis, predicciones y decisiones basadas en información distorsionada.

imagen 2. Anomalia localizada en gemelo digital usando la plataforma de Preolix

Además, sin una correcta trazabilidad —vinculando cada imagen a su ubicación exacta y al número de serie del módulo— se pierde completamente el contexto. Esto dificulta comparar inspecciones en el tiempo, seguir la evolución de un defecto o incluso intervenir de forma precisa en campo.

En consecuencia:

  • Se rompe la continuidad histórica de los datos
  • Se pierde la capacidad de mantenimiento predictivo
  • Aumenta el riesgo operativo y el coste a largo plazo

En resumen, una mala termografía no solo falla en el presente: compromete todo el sistema de gestión de activos.